Las elecciones concluidas, cada contrincante seguro que ahora se ha puesto a analizar los aciertos o errores de sus respectivas campañas.
Para los ciudadanos, transcurrido nuestra participación en el proceso electoral y sin saber lo que transcurre realmente en los círculos internos de los partidos políticos, hay suficiente información pública disponible en todo el desarrollo de marketing dentro de las respectivas estrategias.
No puedo resistirme a emplear esos planes visualizados para demostrar algunas de las debilidades y las mayores fortalezas de cada una de las campañas de los principales partidos que postulaban para los puestos prominentes en el hemiciclo del Parlamento.
El resultado de las elecciones es efecto de los votos de la ciudadanía, personas que han ejercido un derecho según sus criterios individuales. Tales decisiones se tomaron por los efectos de sus percepciones internas forjadas tras la recepción sensorial de sus respectivas interpretaciones de los hechos.
Y aquí es donde entra en juego el marketing.
Dentro de las respectivas estrategias, cada adversario que opta por convencer a un público, ya
sea a consumir un producto o a votar a un candidato, lo que pretenden es resaltar sus mejores puntos y minimizar aquello que pudiera perjudicar su imagen o posibilidad de aceptación.
A mi entender, prima sobre todo la habilidad de alterar el ánimo en el sentido favorable, o sea emocionar a las personas para que expresen sentimientos lo más favorable posible para el que desea promocionarse o venderse.
Aquí quizá es donde los expertos asesores de cada partido político en esta última campaña han discrepado en sus criterios de lo que cada uno ha supuesto “emocionaría favorablemente a las masas”.
Mientras que el PP se ha centrado en “el bolsillo del ciudadano”, “el temor al terrorismo” y “primero nosotros que no cabremos” (con referencias a la inmigración), el PSOE ha intentado capear el temporal en lo económico restándole importancia al mismo tiempo que ha tenido que guardar silencio sobre el terrorismo al fracasar un intento de resolver el dilema a la vez justificando la necesidad de la inmigración.
Curiosamente el “partido azul” jugaba al ataque con una posición privilegiada ante el evidente deterioro de la economía familiar con la fuerte subida del IPC mientras que el PSOE ("rojos") como partido gobernante se veía abrumado por los acontecimientos que le obligaron a jugar algo inseguro las bazas.
Por el contrario, si analizamos estrategias de marketing, nadie podrá negar que el orden sea en sentido inverso en cuanto a esa inseguridad y/o irregularidad entre estos principales contendientes.
El PP en el tiempo transcurrido desde 2003 ha cambiado tanto su imagen como sus lemas intentando aprovechar puntualmente incidencias favorables, en mi opinión en ocasiones a costa de una regularidad de posturas que hicieran el marketing más creíble. Del rojo de la etapa en el gobierno, se pasó al naranja de la campaña del 2004 apra acabar en el azul claro del 2008.
Mientras tanto el PSOE ha mantenido el rojo desde los inicios de la democracia con retoques de actualización para acentuar más aquello de las siglas que les parecía favorecer en estos nuevos tiempos.
Los “slogan” han postulado en esta última campaña 2008 más a los “primeros espada” en detrimento de las siglas del partido. A mi entender, esa postura podría justificarse en el caso del PSOE pero era poco aconsejable en el caso del PP.
Mientras Rodríguez Zapatero había ganado en 2004, Rajoy había perdido contra pronóstico, por circunstancias evidentemente emocionales.
Los dos contendientes no tienen el mismo perfil ni presentan un temperamento idéntico ante el público, por lo que no pueden usarse únicamente sus respectivas imágenes para promover un concepto o defender una postura sin un apoyo solvente.
Mientras que el PSOE hizo la prueba con el famoso “ZP” que pareció darles resultado, el PP con tanto cambio de color y un candidato mucho menos favorecido en los contactos con el público no podía utilizar ningún logro para “vender mejor” a su candidato.
Mientras el PSOE mantuvo una línea regular ascendente al promulgar avances, progreso y lo positivo, el PP tuvo que referirse a lo mal que estaba actuando “ZP” (entrando en el juego de resaltar al contrincante) para justificar la necesidad del cambio.
El PSOE podía respaldar su lema – CON TODAS TUS FUERZAS – y de hecho era una continuidad a otros lemas – PENSANDO EN POSITIVO & MOTIVOS PARA CREER – pero en el PP el lema – LAS IDEAS CLARAS – creo que no estuvo bien respaldado con la continuación – CON RAJOY ES POSIBLE.
La palabra “posible” tiene poca fuerza y hasta se llega a emplear cuando deseamos “eludir un compromiso”. En mi opinión, se debería haber
empleado una palabra como “seguro” o “probable”. Podría haber habido un lema mejor.
Finalmente, si los partidos decidieron con mayor o menor acierto a emplear a sus dos líderes como máximos exponentes de los programas de cada partido, éstos son los que tenían que haber hablado como “voz oficial” casi única en nombre de cada partido. Creo que no ha sido el caso en el PP, donde algunas declaraciones de segunda y hasta tercera fila han puesto en entredicho el lema “las ideas claras”.
Viendo los votantes que acudieron a la mesa electoral que presidí el pasado domingo, uno se da cuenta hasta que punto se movilizaron los votantes según las palabras de uno u otro candidato y la eificacia de las respectivas campañas de cada uno de los partidos.
Cuando salió la campaña de IU con aquella música tan solemne pero bastante aburrida, no pude dejar de pensar en un funeral. El resultado habla por si sola.
Por el contrario, la aparición del Durán i Lleida unos días después de su delicada intervención del tumor detectado me dio la sensación de un espíritu de lucha y unas ganas de vivir que me produjo una sensación de querer felicitarle por su fuerza de voluntad. Allí esta el voto obtenido que ha consolidado a CIU como tercera fuerza política en el panorama nacional.
El País Vasco ha expresado su disgusto por los últimos acontecimientos que parecen achacar a las conductas de los líderes nacionalistas, y allí el castigo en el voto al PNV.
Por lo tanto, por mucho dinero que se gasten los partidos en marketing, con campañas al estilo “yankee”, lo que jamás deben olvidar los asesores y expertos que vayan a diseñar esas campañas es la idiosincrasia de los receptores de los mensajes en esta nuestra emocional España.
Para los ciudadanos, transcurrido nuestra participación en el proceso electoral y sin saber lo que transcurre realmente en los círculos internos de los partidos políticos, hay suficiente información pública disponible en todo el desarrollo de marketing dentro de las respectivas estrategias.No puedo resistirme a emplear esos planes visualizados para demostrar algunas de las debilidades y las mayores fortalezas de cada una de las campañas de los principales partidos que postulaban para los puestos prominentes en el hemiciclo del Parlamento.
El resultado de las elecciones es efecto de los votos de la ciudadanía, personas que han ejercido un derecho según sus criterios individuales. Tales decisiones se tomaron por los efectos de sus percepciones internas forjadas tras la recepción sensorial de sus respectivas interpretaciones de los hechos.
Y aquí es donde entra en juego el marketing.
Dentro de las respectivas estrategias, cada adversario que opta por convencer a un público, ya
sea a consumir un producto o a votar a un candidato, lo que pretenden es resaltar sus mejores puntos y minimizar aquello que pudiera perjudicar su imagen o posibilidad de aceptación.A mi entender, prima sobre todo la habilidad de alterar el ánimo en el sentido favorable, o sea emocionar a las personas para que expresen sentimientos lo más favorable posible para el que desea promocionarse o venderse.
Aquí quizá es donde los expertos asesores de cada partido político en esta última campaña han discrepado en sus criterios de lo que cada uno ha supuesto “emocionaría favorablemente a las masas”.Mientras que el PP se ha centrado en “el bolsillo del ciudadano”, “el temor al terrorismo” y “primero nosotros que no cabremos” (con referencias a la inmigración), el PSOE ha intentado capear el temporal en lo económico restándole importancia al mismo tiempo que ha tenido que guardar silencio sobre el terrorismo al fracasar un intento de resolver el dilema a la vez justificando la necesidad de la inmigración.
Curiosamente el “partido azul” jugaba al ataque con una posición privilegiada ante el evidente deterioro de la economía familiar con la fuerte subida del IPC mientras que el PSOE ("rojos") como partido gobernante se veía abrumado por los acontecimientos que le obligaron a jugar algo inseguro las bazas.
Por el contrario, si analizamos estrategias de marketing, nadie podrá negar que el orden sea en sentido inverso en cuanto a esa inseguridad y/o irregularidad entre estos principales contendientes.

El PP en el tiempo transcurrido desde 2003 ha cambiado tanto su imagen como sus lemas intentando aprovechar puntualmente incidencias favorables, en mi opinión en ocasiones a costa de una regularidad de posturas que hicieran el marketing más creíble. Del rojo de la etapa en el gobierno, se pasó al naranja de la campaña del 2004 apra acabar en el azul claro del 2008.
Mientras tanto el PSOE ha mantenido el rojo desde los inicios de la democracia con retoques de actualización para acentuar más aquello de las siglas que les parecía favorecer en estos nuevos tiempos.
Los “slogan” han postulado en esta última campaña 2008 más a los “primeros espada” en detrimento de las siglas del partido. A mi entender, esa postura podría justificarse en el caso del PSOE pero era poco aconsejable en el caso del PP.
Mientras Rodríguez Zapatero había ganado en 2004, Rajoy había perdido contra pronóstico, por circunstancias evidentemente emocionales.Los dos contendientes no tienen el mismo perfil ni presentan un temperamento idéntico ante el público, por lo que no pueden usarse únicamente sus respectivas imágenes para promover un concepto o defender una postura sin un apoyo solvente.
Mientras que el PSOE hizo la prueba con el famoso “ZP” que pareció darles resultado, el PP con tanto cambio de color y un candidato mucho menos favorecido en los contactos con el público no podía utilizar ningún logro para “vender mejor” a su candidato.
Mientras el PSOE mantuvo una línea regular ascendente al promulgar avances, progreso y lo positivo, el PP tuvo que referirse a lo mal que estaba actuando “ZP” (entrando en el juego de resaltar al contrincante) para justificar la necesidad del cambio.
El PSOE podía respaldar su lema – CON TODAS TUS FUERZAS – y de hecho era una continuidad a otros lemas – PENSANDO EN POSITIVO & MOTIVOS PARA CREER – pero en el PP el lema – LAS IDEAS CLARAS – creo que no estuvo bien respaldado con la continuación – CON RAJOY ES POSIBLE.
La palabra “posible” tiene poca fuerza y hasta se llega a emplear cuando deseamos “eludir un compromiso”. En mi opinión, se debería haber
empleado una palabra como “seguro” o “probable”. Podría haber habido un lema mejor.Finalmente, si los partidos decidieron con mayor o menor acierto a emplear a sus dos líderes como máximos exponentes de los programas de cada partido, éstos son los que tenían que haber hablado como “voz oficial” casi única en nombre de cada partido. Creo que no ha sido el caso en el PP, donde algunas declaraciones de segunda y hasta tercera fila han puesto en entredicho el lema “las ideas claras”.
Viendo los votantes que acudieron a la mesa electoral que presidí el pasado domingo, uno se da cuenta hasta que punto se movilizaron los votantes según las palabras de uno u otro candidato y la eificacia de las respectivas campañas de cada uno de los partidos.
Cuando salió la campaña de IU con aquella música tan solemne pero bastante aburrida, no pude dejar de pensar en un funeral. El resultado habla por si sola.
Por el contrario, la aparición del Durán i Lleida unos días después de su delicada intervención del tumor detectado me dio la sensación de un espíritu de lucha y unas ganas de vivir que me produjo una sensación de querer felicitarle por su fuerza de voluntad. Allí esta el voto obtenido que ha consolidado a CIU como tercera fuerza política en el panorama nacional.
El País Vasco ha expresado su disgusto por los últimos acontecimientos que parecen achacar a las conductas de los líderes nacionalistas, y allí el castigo en el voto al PNV.
Por lo tanto, por mucho dinero que se gasten los partidos en marketing, con campañas al estilo “yankee”, lo que jamás deben olvidar los asesores y expertos que vayan a diseñar esas campañas es la idiosincrasia de los receptores de los mensajes en esta nuestra emocional España.Fernando Fuster-Fabra
Experto en Comunicación Estratégica
& Relaciones Humanas